Un trayecto de 100 kilómetros con dirección a Turín, Italia, se transformó en una pesadilla para una familia originaria de Rumanía, quienes recorrieron dicha distancia sin percatarse de que su hijo había fallecido en el asiento trasero durante el trayecto familiar.
El suceso rápidamente acaparó los titulares de medios locales e internacionales, levantando serias interrogantes sobre la manera en que se desarrollaron las circunstancias a bordo del vehículo.
Según la información publicada por la prensa local, la familia realizaba un viaje por carretera con rumbo a la ciudad italiana cuando ocurrió la tragedia. El joven se encontraba descansando en la parte posterior del automóvil mientras sus padres viajaban en los asientos delanteros: el padre al volante y la madre en el lugar del copiloto.
Fue en ese lapso cuando el joven sufrió un ataque cardíaco. Al ocurrir mientras dormía, no pudo pedir auxilio ni dar muestras visibles de agonía.
Tras haber pronunciado sus últimas palabras minutos antes, permaneció inerte en el asiento posterior, por lo que sus padres continuaron el camino concentrados en la ruta, convencidos de que simplemente seguía durmiendo. Trascendió que la víctima contaba con antecedentes de problemas cardíacos leves.
Los peritajes sugieren que el infarto se presentó en pleno descanso, provocando un deceso prácticamente instantáneo y sin dolor aparente.


